Las historias que aquí se cuentan tienen todas una parte de mi. Disfútalas!

jueves, 10 de enero de 2013

Sueños.

Existen sueños de todo tipo. Existen sueños grandes, como el de Jandro. Su cabeza va de un lado a otro, soñando con canciones y guitarras. La tarde con Mimi ha sido espléndida y maravillosa. Ha hecho la música que a él le gusta como a él le gusta. A veces piensa que es difícil encajar con alguien como el, sin embargo la pasada tarde, Mimi y el jóven encajaron como dos piezas de puzzle. En música, canción, letras, influencias, acordes, acompañamientos, filosofía del grupo... ¡En todo! Y no suele pasarle. De hecho le cuesta bastante encajar con la gente en gustos musicales, porque no le gustan los estereotipos. El prefiere divagar por diferentes tipos de música y escoger entre todo ello. Por eso en su MP3 hay pop, heavy, rap, rock, electro, dance, blues, baladas... En fin, un poco de todo. Los sueños de Jandro son grandes. El sueña con vivir de la música. Pero de su música, no de cualquier tipo de música. Le importa poco si hay que vivir en un piso alquilado comiendo un bocadillo. Sin duda la música es su vida, y lo primero en lo que piensa a la hora de escoger.
Existen sueños pequeños, como el de Anne. Ella lo único que desea es casarse, mantener su grupo de amigas, tener niños y fundar una guardería. Le encantan los niños, y si fuera capaz viviría rodeada de esos enanos. Para la morena de ojos verdes los niños son lo más real e inocente de la naturaleza, y en cierto modo se parecen a ella. Son ingenuos, son imaginativos y creativos, tienen sueños... Y eso es lo que ella quiere en su vida. 
Existen sueños reales, como el que está viviendo Álvaro. Desde el día en que quedó a solas con Lidia no puede dejar de pensar en ella. En sus sonrisas, en sus mensajes, en sus saludos y despedidas. Y es que ha sido duro, la primera chica que le da tan fuerte. Jamás pensó que sería capaz de querer tanto a alguien como para superar sus miedos y confesar sus sentimientos. Pero sin duda ella era la adecuada, Lidia, la que le hacía soñar despierto, y le hacía perder la cabeza. 
Y existen sueños rotos... Como los míos, pensaba Jose cada vez que se miraba al espejo. Jamás podría conseguir lo que quería. No solo por las notas, que no eran su mejor aliado. El quería ser, en el fondo, como su padre. Su padre al que odiaba, pero que admiraba. Una extraña sensación que no era capaz de admitir. Desde que era pequeño se había acostumbrado a recibir la educación por separado. Su madre, durante la semana, criticaba la vida de excesos de su padre: el alcohol, las novias, los cambios de domicilio... Durante el fin de semana su padre criticaba la educación de su madre. Sólo te está enseñando el lado bonito de la vida, le decía. Y la vida, hijo mío, no es bonita. Es dura. Es una hija puta si me lo permites. Por eso tienes que disfrutar de las cosas buenas que te da. A Jose le resultaba gracioso que su padre, quien se había pasado toda su juventud sin salir para ser el mejor de su promoción de la carrera de Medicina, dijera eso on 40 años. Suponía que era un Síndrome de la adolescencia tardía o algo similar. Y sin embargo vivía como quería. Pero él jamás llegaría tan alto. Nadie esperaba nada de el. Sería mecánico, o electricista. 
Existen muchos sueños. Pero los protagonistas descubrirán que no todo es lo que parece, y que hasta el sueño más pequeño puede tener una relevancia vital en las vidas de otras personas. El amor, la suerte, el destino, y si; los sueños, son parte del destino de cada persona. Y ahí están, esperándolos.

jueves, 3 de enero de 2013

Paseo en la noche.

Ya es tarde para estar levantado, y más entre semana. Son las 2 de la mañana, y Tito no consigue dormirse. Se acuesta en cama una y otra vez, mira su portatil y su teléfono móvil, pero todo el mundo hace rato que se ha desconectado ya de las redes sociales. Su madre ya le había avisado hace un rato de que se acostase, pero no conseguía conciliar el sueño. Y es que cada vez que cerraba los ojos se imaginaba a Jani y a Jose a la salida del Instituto dándose el lote. Y entonces empezaba a imaginarse otras cosas, y le resultaba imposible dormir. Se levantó y encendió la luz. En la casa de al lado su amiga dormía. Jani no se imaginaba nada similar, pero Tito estaba enamorado de ella desde que tenía uso de razón. Su timidez y su falta de confianza habían impedido que hablara con ella durante años, pero ahora que la relación era habitual lo que le resultaba aún más difícil era mostrarle sus sentimientos. Y era normal. Tito no era el chico más guapo de la pandilla. Su pelo entre moreno y pelirrojo no llamaba la atención, sus ojos verdes quedaban ocultos detrás de las gafas que tenía que llevar casi las 24 horas del día, y era bastante enclenque. Además ultimamente le habían salido unos odiosos granitos en la cara, debido a la dichosa pubertad, que parecía que no se querían ir. Y no solo su aspecto jugaba en su contra, tampoco nadie le había infundido una gran confianza. Sus padres nunca habían esperado nada de el, el hijo mediano de una familia con 5 hijos. Dos de sus hermanos ya estaban en la Universidad, la pequeña sabía tocar 3 instrumentos, dominaba 2 idiomas extranjeros, y él... había repetido curso. Desde aquel momento sus padres dejaron de confiar en él. Olvidaron las clases particulares y los deportes, y lo dejaron a su aire, cosa que en parte agradeció, pues pudo conocer gente nueva y a sus amigos de ahora; pero que por otro lado le hizo sentir infavalorado en su familia.

Decidió salir a dar una vuelta, quizás así se despejaba. El barrio en el que vivía era bastante tranquilo, y no era peligroso salir a altas horas de la noche. Miró al cielo, y apenas se veían las estrellas. Puta contaminación lumínica, pensó él. Fue andando por las casas de los alrededores. Todas tenían animales de compañía, perros que guardaban la casa, conejos, gatos que se escapaban por las noches... Excepto la suya. Su madre tenía fobia a casi todos los animales, en especial a los perros, cosa que su hermana pequeña había heredado. Sin embargo a él le parecían las criaturas mas buenas e inofensivas del mundo, muchas veces mejores que algunos humanos. Siempre estaban dispuestos a acercarse a él, a dar muestras de su cariño y a hacerte sentir mejor. Cuando ya estaba en las afueras de su barrio Tito salió hacia la derecha. Allí encontró un camino no asfaltado por el que ya estaba acostumbrado a ir. Subió alguna cuesta, pero antes de llegar a la cima se sentó a un lado. Ahí si se podían ver las estrellas mucho mejor que en cualquier otra parte de la ciudad. Tito estuvo allí durante bastante tiempo, quizás una hora o hora y media. 

Cuando volvió a casa eran las 3:30 de la mañana. Tito estaba mucho más tranquilo. Sin embargo antes de entrar se encontró, en la salida de la casa de sus vecinos a Jani. ¿Que hacía ella ahí a esas horas? Se preguntó el jóven. Estaba fuera, fumando un cigarro, y no parecía reparar en su presencia. Tito decidió acercarse. Con el corazón latiendo a mil por hora caminó hacia la chica. 

- Hola Jani - saludó el tímido chico
- ¿Que? - Dijo desconcertada la jóven - ¡Tito! ¿Pero que haces tu aquí a estas horas? 
- Pues no daba dormido, así que decidí dar una vuelta. ¿Y tu? No sabía que fumabas.
- En realidad no suelo hacerlo - respondió ella un poco cortada - solo lo hago cuando estoy nerviosa, me relaja.
- ¿Que es por el examen de mañana? - Tito supuso que no, ella solía llevarlos muy bien preparados. 
- No, que va... Problemas... En casa, con Jose, mi vida en general trae problemas - dicho esto se echó a llorar. Era un  llanto silencioso, pero desconsolado. Tenía rasgos de rabia, de tristeza, de contención de sentimientos. 

Tito no sabía exactamente que hacer. No sabía que decirle, que la haría sentir mejor. Así que lo único que se le ocurrió fue abrazarla. No solo quería hacer que se sintiera mejor, era un impulso. Su cuerpo le pedía el contacto de esa chica de forma necesaria, sabía que sino la abrazaba no podría volver a dormir en muchas noches. Ella lloró en su hombro durante varios minutos. Jani no sabía porque, pero siempre había sentido muy cercano a su jóven vecino. Incluso cuando eran pequeños había deseado jugar con el y sus amigos de un curso mayores. Y ahora volvía a sentir esa cercanía, que jamás se había ido. Tito era para ella alguien indispensable en su vida, y deseaba que estuviera ahí siempre, como un hermano, o un mejor amigo.

Después del llanto Jani y Tito se sentaron en la acera y comenzaron a hablar de sus problemas. Jani se sentía insegura con Jose, no sabía muy bien hacia donde tiraba su relación y si a este le importaba. Además no quería dar de lado a sus amigas. Sus padres le acababan de quitar las clases de ballet de los martes, debido a que sus últimas notas habían bajado; y esto había sido la gota que había colmado el vaso, y había hecho que se sintiera triste, con rabia, nerviosa y con dolor. De nuevo se abrazó a Tito. El no sabía que decirle. Nunca había sido un buen consejero, pero se sentía identificado con ella, pues a él le habían quitado sus entrenamientos de fútbol al repetir. Finalmente y tras pensarlo un rato el la cogió de las manos. Hacía mucho frío a esas horas de la noche, y eso le sirvió de excusa para los tembleques de sus manos y cuerpo. La miró a los ojos, y casi fue incapaz de articular una palabra.  Finalmente, con todo el valor que pudo, Tito le dijo: Jani, ahora mismo lo más importante es que te centres en los estudios, si tus padres ven que vuelves a tener buenas notas te devolverán las clases de ballet. Tu no vas a abandonar a tus amigas, y menos por un chico como Jose. Procura dedicarles tempo a los dos, que tienes de sobra. 

Después de los agradecimientos los dos se fueron a dormir. Jani miró hacía la casa vecina y vió a Tito. Saco un boli y un folio, y le escribió: GRACIAS. El le sonrío y escribió en otro papel: BUENAS NOCHES :). Los dos se acostaron, mucho más calmados. Notaban el cansancio y obviamente se durmieron nada más tirarse en cama. Había sido una noche especial.

miércoles, 25 de abril de 2012

La prueba.

17:13.Vuelvo a mirar el mensaje. La hora es la prevista, y el lugar. Y sin embargo parece casi vacío, solo estoy yo y otra chica un poco más joven. Me sudan las manos y si, estoy nervioso. Miro a mi alrededor, en esta sala blanca casi vacía. Es horroroso, parece un hospital todo tan silencioso y tranquilo. Vuelvo a mirar la hora. 17:15. Entra un chico por la puerta. Genial, este tiene pinta de saber lo que se hace, uno de esos que viene con mucha experiencia y se lo tiene muy creído. Solo hay que verle con su camiseta de tirantes y sus tatuajes, está claro que este tiene mucha experiencia. Se sienta a mi lado y mira hacia la chica. Una pequeña sonrisa de superioridad cruza su cara cuando ve que ella está tan nerviosa que se le caen los papeles que lleva en la mano.
A las 17:20 sale alguien de una puerta y llama al primero que quiera entrar. La chica se apresura y entra antes que nosotros. Espero un tiempo que me parece eterno y ella sale. No parece muy contenta. La chica que sale con ella le dice: Espera ahí fuera, cuando entren los demás y decidamos te avisamos. Puede entrar el siguiente.
Yo hago un amago de levantarme y al ver que el chulo de mi lado no dice ni hace nada me levanto del todo. Supongo que quiere ser el último para impresionar mas... Bueno, cruzo los dedos antes de que la chica cierre la puerta detrás mía. Dentro de esa habitación pequeña y con poca iluminación hay tres personas más aparte de la chica que me atendió. Encienden las luces y me impresionan. Una batería, un piano y un micrófono con el logo de su grupo ''French Stile''. Según había leído en el anuncio eran un grupo de pop melódico que necesitaban urgentemente un guitarrista que se pudiera aprender sus canciones pues su anterior guitarrista les había abandonado a dos meses de su gira. Realmente parecían profesionales. Eran dos chicos, el de la batería y el del piano, y la chica que cantaba. Mi aspecto no pareció impresionarles, y menos mi guitarra. Y era normal, mi madre me la había comprado de segunda mano por mi anterior cumpleaños.
- Nombre - dice la chica de forma seca
- Alejándro Herrera
- ¿Puedes tocar Need You Now de Lady Antebellum?
No digo nada. Creo que esta si la había practicado un poco en casa, puedo probar a ver que tal me sale. Después de empezar algo rápido por los nervios mi ritmo se estabiliza y termino haciéndolo bastante bien. Creo que la actuación no me ha salido mal y salgo autosatisfecho de mi talento.
Entra el chico que faltaba. Miro a la chica, que está mucho más tranquila. Se acerca a mi, se sienta a mi lado.
- ¿Que tal te ha ido?
- Creo... creo que bien, ¿a ti? ¿No estabas muy nerviosa? Porque yo si me moría de nervios.
- Si, bueno estaba bastante nerviosa y por eso no me ha salido tan bien como esperaba. Además el ambiente que tenían ahí dentro me impresionó y no me causo mucha confianza.
- Conmigo también fueron un poco secos la verdad... - digo sinceramente
Sale el otro chico. La chica que le acompaña le persigue con la mirada. No tardan cinco minutos en salir de nuevo y darle el puesto al chulo de los tatuajes. Bueno, era visto, no les apetecía tener en el grupo a alguien que diera la imagen que doy, porque yo creo que lo he hecho bastante bien como para que me puedan escoger.
Salgo del lugar, y la chica me acompaña. Me mira de arriba a abajo.
- ¿Tu tienes experiencia? ¿En otro grupo? - me pregunta
- Pues no, llevo un año y medio aprendiendo por mi cuenta guitarra, pero poco mas.
- ¿Puedes tocarme una canción? Quiero comprobar una cosa
Saco mi guitarra de la funda y empiezo con ''Every breath you take'' Durante la mitad de la canción ella comienza a cantar. Y no lo hace nada mal. Creo que me gusta su voz, es dulce y fuerte. Transmite perfectamente lo que ella quiere transmitir. Me paro.
- Oye cantas muy bien.
- Ese era lo que quería, cantar. Pero me acomodo, también se tocar el piano y la guitarra. Me hace falta dinero y este grupo creo que me lo daría, por eso me presente. Pero yo creo que lo que realmente me gusta es cantar. Oye, ¿Que te parece si quedamos mañana y ensayamos unas pocas canciones juntos?
- ¿Mañana? Bueno, pasado tengo un examen, no se si podría... - realmente es una excusa, no quería tocar con una desconocida.
- Está bien, lo entiendo, no quieres cantar con alguien que no conoces...
- No es eso, no...
- Pero antes piensa que hoy lo has hecho, estas personas no las conocías de nada. Y te has movida hasta aquí, para perder el tiempo. Te hubiesen cogido si tuvieras una mejor imagen ¿sabes? El otro estúpido estaba en mi grupo anterior, y no vale ni la mitad que tu.
- No es mi culpa no poder comprarme ropa de Armani, lo siento - Eso ya me mosquea, quien es esta tía para criticar mi forma de vestir.
- Solo te pido una prueba por favor. Si mañana sale igual de bien que hoy creo que podríamos ganar algo de dinero, conozco a gente que nos puede llevar a sitios. Solo una prueba. - me suplica
Me lo pienso bien antes de contestar. Tiene razón, hoy quería formar parte de un grupo de desconocidos y ahora no quiero hacer una prueba con una chica que parece mucho mejor que ellos.
- Mañana a las 6 en la plaza. ¿Te parece bien?
- Me parece genial, porque está al lado de mi casa y podremos ensayar allí. Tengo amplificadores y micrófonos, podremos hacer algo serio.
- Dame tu teléfono.
- Dame tu el tuyo y te doy una perdida.
Le doy mi número.
- Oye, ¿y como te pongo en contactos? ¿Guitarrista? Supongo que tendrás un nombre ¿no?
- Ponme Jandro, no mejor Alejandro, Jandro es solo para gente cercana.
- Vale, entonces como estoy a menos de 1 metro te voy a poner Jandro Guitarrista.
Me río. Es graciosa. Y joven, pero tiene experiencia. Su pelo negro oscuro me hace imaginar que mañana no tiraremos por el pop melódico, y me alegro.
- Hasta mañana entonces.
- Hasta mañana. - Me sonríe
- Oye! ¿Y a ti que te pongo de nombre de contacto? ¿Cantante?
- Mimi. Mimi Cantante, sino no me pongas nada - dice mientras se marcha andando.
Sonrío. Mañana será un buen día. Pero tendré que poner una excusa para no quedar con Jose, se que quería llevarme a dar una vuelta en moto. Nada, mañana me pasaré la tarde estudiando. Cuando se lo cuente a mi madre se va a alegrar por mi.

martes, 24 de abril de 2012

Lunes.

Me despierto. Los pájaros cantan fuera y parece que hace sol. Un día raro para ser Abril. Bueno, si sigue así será bueno. Me levanto y me miro al espejo. Uff! Me queda una hora para mejorar un poco mi cara. Después tendré que ir a clase. Me pongo la ropa que ayer por la noche tenía preparada y me sienta tan bien como ayer pensé que me sentaría. Fue un acierto comprarme la camiseta de tirantes rosa porque me la puedo poner con casi todo por encima. Me maquillo un poco, no quiere tener cara de muerta y bajo a desayunar. Ana, mi hermana hace ya un rato que ha terminado y estaba esperándome.
-!Vamos a perder el bus! !Date prisa¡
Desayuno con toda la calma de mundo, solo para que vea que no perderemos el bus y se relaje un poco más adelante, pero sin embargo me equivoco porque cuando voy por el segundo sorbo de mi café con vainilla el bus pasa por delante de casa. Me lo bebo corriendo y salimos, pero no lo perdemos por suerte.
Cuando nos subimos recibo un Watsapp de Jose. ''Eii Jan te vienes al cobertizo antes de que empiecen las clases hoi? me apetece verte ;)'' Sonrisa. Creo que la relación avanza. No sé hasta donde había llegado con otras chicas antes pero esto parece una segunda cita o algo así. Mi mente viaja hasta hace dos días en su casa. Las mantas nos tapaban a los dos en una cama pequeña de metro y medio. Su cuerpo y el mío eran uno y no podía ser más feliz. Y aunque me tuviera que ir temprano porque sus padres iban a llegar fue muy especial. Llego emocionada al colegio y me voy al cobertizo. Si, estaba esperándome con una camisa azul oscura que le quedaba de miedo. Y me saluda y me entra. Y bueno, le sigo el rollo, total lo demás da igual ahora.
Primera hora, clase de filosofía, que peñazo. Katia se sienta a mi lado y me mira raro. Me escribe una notita, como cada mañana. ''Donde estuviste antes de clases? Perdiste el bus o algo? Porqe estabamos las chicas aqui fuera hablando juntas pero tu no viniste...'' Mira mi cara cuando lo leo y mi sonrisa se lo hace suponer todo. ''Me llamo Jose para que estuviera un rato con el, ¿Que mono no?'' La cara le cambia, parece de reproche. ''Jo tía, no nos puedes dejar abandonadas por un tio, parece que es lo único que te importa. Sabes que ayer me pelee con mi madre? No claro, como lo vas a saber si estabas por ahi con Jose y no te lo pude contar esta mañana. De verdad qe a veces eres una egoísta Jan'' ''Jo, lo siento Kat, es que no lo sabía, en serio perdóname, la próxima vez de verdad que vengo para aquí nada mas bajar del bus :('' Pero Katia es rencorosa, y esa disculpa le suena a poco.
Primera hora, clase libre para los chicos que han decidido pasar de ir a filosofía y se entretienen tomando algo en el bar de en frente del instituto. Están Álvaro, Jose, Tito y Jandro. Juegan a las cartas y beben unas Coca-Colas. Jose y Jandro van en un equipo, en el otro Tito y Álvaro. Este último parece distraído de la partida. Mientras también juegan a un juego que Jose se inventó hace unos meses y que sigue triunfando.
- Te liaste con Janine esta mañana - afirma Jandro sin dudarlo dirigiéndose a Jose
- Si - dice totalmente neutro
Tito le mira. Nadie lo sabe, pero Janine es desde siempre la persona que más quiere y no soporta que esté con Jose y menos que pase de ella así como lo hace. Y es que le encanta la sencillez de esa chica, que es amable y buena en el fondo. Tito la conoce desde que tenían 3 años, y aunque nunca fueron amigos de verdad desde hace un año que quedan con las chicas su relación ha mejorado un poco. Ahora Janine le trata como un viejo amigo de la infancia. Y aunque todos la vean como una chica frívola y egocéntrica el sabe que en realidad dedica todos los domingos a la mañana a dar clases a niños en la Cruz Roja sin recibir nada más que un gracias a cambio. Y eso es lo que mas le gusta de ella, que se preocupa por los demás. Sin embargo no va a decir nada. Tito no se imagina jamás con ella, está demasiado arriba para el, por eso se va con Jose.
- Tío, Álvaro, ¿Te pasa algo? - Le llama Jandro la atención - Es que te toca y ni te enteras eh!
- No, nada tío, estoy dormido jajaja - responde con su tono habitual.
Sólo Álvaro puede imaginarse porque su mente está a mil años luz, y sólo el sabe porque está deseando entrar en clase y ver a Lidia, sentarse a su lado en dibujo y ver su desorden y su creatividad, ver sus ojos llenos de luz y su sonrisa que le da vida.
Acaba de pitar y los chicos entran en clase. Como un lunes más, un lunes cualquiera. Pero no es un lunes cualquiera, por la cabeza de cada uno de ellos pasan muchos pensamientos. Positivos y negativos. Es  un lunes diferente para Álvaro que está ilusionado con ver a Lidia. Es un lunes diferente para Tito que ve como la relación de Janine y Jose tira para adelante. Es un lunes diferente para Janine que no quiere dejar de lado a sus amigas por un chico, pero que por otro lado está deseando ver como Jose le guiña un ojo. Es un lunes diferente para Lidia que pretende aclarar un poco todo lo que siente por sus dos amigos Jose y Álvaro. Es un lunes diferente para Jandro que está deseoso de comenzar un nuevo proyecto secreto, que aún tiene miedo de contar. Es un lunes diferente para Jose que va a estrenar su nueva moto, comprada con todos sus ahorros. Y también lo es para Katia que no podrá llamar por teléfono a nadie durante una semana por la anterior factura de teléfono de 90 euros y que tendrá que soportar otra vez la bronca de su madre al llegar a casa.
Para todos es un lunes diferente.

lunes, 23 de abril de 2012

El puente.

Me tiro en cama después de una tarde extraña. Extraña y feliz. Yo creo que nunca lo había pasado tan bien antes. Sonrío al recordar cada momento pasado, y es que no puede ser de otra forma. Mi mente se mueve hasta el momento en el que, media hora más tarde después de la esperada, aparece el, mirándome a lo lejos con una sonrisa de disculpa que se puede ver desde dos kilómetros de distancia. Y es que llueve, y va sin paraguas, su pelo rizado se le pega a la cabeza tan mojado como está, pero parece que le da igual. El me sonríe, como siempre, y yo me sonrojo y le devuelvo la sonrisa.
- ¿Dónde están los demás?- preguntó algo extrañada - Hace media hora que deberían haber llegado, al igual que tu.
- Pues no lo sé, ¿Quieres que los llame?
- Ya los estuve llamando yo, pero no me coge nadie.
- ¿Y que te parece si nos sentamos aquí y esperamos a que vengan? - Dice señalando la acera del puente bajo el que estamos. Es nuestro lugar habitual de quedada cuando llueve, se puede hacer casi de todo porque estamos resguardados, y es un lugar por donde no suele pasar nadie. En las afueras de la ciudad pero a cinco minutos del autobús que recorre todo el centro es sin duda mejor que cualquier bar donde te pueden clavar cinco euros por una birra. Además está rodeado de naturaleza.
- Me parece muy bien, al menos hasta que deje de llover.
Nos sentamos y comenzamos a hablar de nuestro día. Álvaro me cuenta sus problemas con sus padres, siempre tiene problemas con ellos. Nunca sé que decirle, los míos son más comprensibles y además son un apoyo, pero parece que los suyos son una traba. De hecho por eso ha llegado tarde, sus padres no querían dejarle salir. Al final lo único que le digo es que al ser hijo único es normal que lo traten así.
Después decidimos jugar a un juego, es algo nuevo que se ha inventado Jose, los chicos juegan a menudo, y quiere enseñármelo. Se trata de una afirmación y el otro debe decir solo si o no, siendo completamente sincero.
- ¡Empiezo yo! - digo emocionada. - A ver, piensas que Katia es una prepotente y no puedes confiar en ella.
- Si, - los dos nos reímos, porque sabíamos la respuesta - Me toca... La última vez que salimos te hubiese liado con Jose sino lo hubiese hecho antes Janine.
Sabía que me preguntaría algo así. Dudo mi respuesta. - No
- ¿No? Pero se te veía en la cara que querías tener algo con el
- No, no a mi Jose no me gusta... Oye, me parece que ha dejado de llover, que te parece si vamos a dar una vuelta - Digo algo incómoda, creo que es mejor cambiar el juego.
- Vale.
Cuando salimos del puente las nubes parece que quieren dejar el cielo, se escapan y van dejando lugar al sol poco a poco. Nos vamos al parque, y secamos un poco los columpios. Parecemos críos cuando nos sentamos y empezamos a ver quien llega más alto. Pero yo no dejo de sonreír, me da igual que los demás no hayan venido, me lo estoy pasando muy bien. La sonrisa de Álvaro, su pelo marrón contra el viento el el columpio y sus mejillas rojas me hacen pensar en un niño, su cara transmite calidez, dulzura, ingenuidad... Es verdad que es muy atractivo, pero lo que más les gusta a las chicas de el es su carácter. El es como un niño, nunca deja de divertirse, de sonreir, de ser feliz, por muchas cosas que le pasen el siempre está feliz.
Bajamos de los columpios. No recuerdo de quien fue la idea, pero saco mi cámara y empezamos a sacarnos fotos y más fotos. Y en todas salimos sonriendo. Son las nueve, ¿Cómo ha podido pasar el tiempo tan rápido? Nos vamos juntos al bus y nos sentamos. Estamos solos, pero es normal, en las primeras paradas no suele haber nadie. Aprovechamos y nos cogemos los mejores sitios.
Álvaro me mira y me sonríe. Después baja la mirada y eso hace que me muerda los labios. El me mira y me dice: 
- ¿De verdad que no querías liarte con Jose? Oye, es que como te hablando con Katia y Sofia después de eso, y no tenías muy buena cara, pues pensé que...
- Mira Álvaro, ya sabes mi historia con Jose. Todo el mundo la sabe, pero ya tengo asumido que no le gusto y que no le voy a gustar nunca, no soy lo que busca y me lo ha dejado claro varias veces. A mi Jose a no me gusta - miento, pero creo que Álvaro no consigue notarlo - y me alegro de que hiciera lo que hizo, creo que ellos dos encajan muy bien porque se darán libertad.
- Jose no sabe lo que se perdió al dejarte escapar - me dice mirando al suelo. Es tímido para estas cosas, pero me resulta increíble que me haya conseguido decir ese piropo.
Cuando bajamos del bus insiste en acompañarme a casa, y yo no se lo puedo negar. 
- ¿Sabes que? Me lo he pasado genial - digo - Seguro que con los demás no lo habríamos pasado igual de bien, me alegro de que no vinieran.
- Yo también, creo que me has hecho olvidar toda la bronca que tuve con mis padres. Y bueno, siento no habértelo dicho antes, pero yo fui el que avisé a los demás para que no vinieran esta tarde.
Mi cara es un cuadro. Jamás había visto hacer eso a Álvaro. 
- ¿Lo hiciste para que estuviéramos solos? ¿Lo dices en serio?
- Lidia, me gustas.
Solo dijo eso. Estábamos en la entrada de mi casa y ninguno de los dos sabía que hacer. Estábamos esperando a que algo pasara. Mi movil vibra. Son las 10 y mis padres me están llamando. 
- Álvaro, tengo que entrar, me están llamando. Gracias por el día de hoy, creo que ha sido increíble.
Esboza una sonrisa de las suyas y me mira a los ojos. No puedo irme mientras me mira así y me sonríe así. No se ni como, pero me muevo hacia su lado. Los dos sabemos lo que va a pasar, pero ninguno se lo cree. Le beso. Es un beso corto, cargado de emociones, muy dulce y lleno de cariño. Sus labios son suaves, y cuando me separo hacen que desee un segundo beso.
- Me tengo que ir - le digo a pesar de que es todo lo contrario a lo que quiero. - Hablamos
No dice nada, solo me mira y sonríe. Me doy la vuelta, pero sé que el no se va hasta que yo entro en casa. Subo a mi cuarto, pero antes aviso a mis padres con un grito de que ya estoy en casa.
Me tiro en cama después de una tarde extraña. Extraña y feliz.
Recibo un sms. Y una sonrisa aún mas grande cruza mi cara. ''Espero que spas que m as alegrao la trde, valdra la pena la brnca de mis padres x llegar tarde slo x acompañrte. Un bso guapa''
Siento que todo me da vueltas y estoy en una nube, ciertamente confusa. Si me gusta Jose, desde hace mucho, pero nunca me ha hecho caso, y he sufrido mucho por el. Álvaro es una gran persona y me quiere. Y después del día de hoy creo que soy capaz de sentir algo por el. Poco a poco una amistad de años se ha convertido en un sueño. Y sé que lo que siente por mi es sincero porque lleva mucho tiempo detrás mía, aunque fuera solo como amigo. Siempre me ayudó con mis problemas, con Jose... Y hasta ahora no lo había visto. Le respondo al sms. ''No s cmo m sacas sta sonrisa q tngo aora pero gracias x la trde d oi, m voi a drmir, spero qe no sea muxa bronca, t qiero''.
Mañana lo hablaremos todo con más tranquilidad, ahora necesito dormir. Una sonrisa constante cruza mi cara, es una buena señal.