Existen sueños de todo tipo. Existen sueños grandes, como el de Jandro. Su cabeza va de un lado a otro, soñando con canciones y guitarras. La tarde con Mimi ha sido espléndida y maravillosa. Ha hecho la música que a él le gusta como a él le gusta. A veces piensa que es difícil encajar con alguien como el, sin embargo la pasada tarde, Mimi y el jóven encajaron como dos piezas de puzzle. En música, canción, letras, influencias, acordes, acompañamientos, filosofía del grupo... ¡En todo! Y no suele pasarle. De hecho le cuesta bastante encajar con la gente en gustos musicales, porque no le gustan los estereotipos. El prefiere divagar por diferentes tipos de música y escoger entre todo ello. Por eso en su MP3 hay pop, heavy, rap, rock, electro, dance, blues, baladas... En fin, un poco de todo. Los sueños de Jandro son grandes. El sueña con vivir de la música. Pero de su música, no de cualquier tipo de música. Le importa poco si hay que vivir en un piso alquilado comiendo un bocadillo. Sin duda la música es su vida, y lo primero en lo que piensa a la hora de escoger.
Existen sueños pequeños, como el de Anne. Ella lo único que desea es casarse, mantener su grupo de amigas, tener niños y fundar una guardería. Le encantan los niños, y si fuera capaz viviría rodeada de esos enanos. Para la morena de ojos verdes los niños son lo más real e inocente de la naturaleza, y en cierto modo se parecen a ella. Son ingenuos, son imaginativos y creativos, tienen sueños... Y eso es lo que ella quiere en su vida.
Existen sueños reales, como el que está viviendo Álvaro. Desde el día en que quedó a solas con Lidia no puede dejar de pensar en ella. En sus sonrisas, en sus mensajes, en sus saludos y despedidas. Y es que ha sido duro, la primera chica que le da tan fuerte. Jamás pensó que sería capaz de querer tanto a alguien como para superar sus miedos y confesar sus sentimientos. Pero sin duda ella era la adecuada, Lidia, la que le hacía soñar despierto, y le hacía perder la cabeza.
Y existen sueños rotos... Como los míos, pensaba Jose cada vez que se miraba al espejo. Jamás podría conseguir lo que quería. No solo por las notas, que no eran su mejor aliado. El quería ser, en el fondo, como su padre. Su padre al que odiaba, pero que admiraba. Una extraña sensación que no era capaz de admitir. Desde que era pequeño se había acostumbrado a recibir la educación por separado. Su madre, durante la semana, criticaba la vida de excesos de su padre: el alcohol, las novias, los cambios de domicilio... Durante el fin de semana su padre criticaba la educación de su madre. Sólo te está enseñando el lado bonito de la vida, le decía. Y la vida, hijo mío, no es bonita. Es dura. Es una hija puta si me lo permites. Por eso tienes que disfrutar de las cosas buenas que te da. A Jose le resultaba gracioso que su padre, quien se había pasado toda su juventud sin salir para ser el mejor de su promoción de la carrera de Medicina, dijera eso on 40 años. Suponía que era un Síndrome de la adolescencia tardía o algo similar. Y sin embargo vivía como quería. Pero él jamás llegaría tan alto. Nadie esperaba nada de el. Sería mecánico, o electricista.
Existen muchos sueños. Pero los protagonistas descubrirán que no todo es lo que parece, y que hasta el sueño más pequeño puede tener una relevancia vital en las vidas de otras personas. El amor, la suerte, el destino, y si; los sueños, son parte del destino de cada persona. Y ahí están, esperándolos.